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¿QUÉ IMPORTANCIA TIENE LA FIEBRE PARA EL ORGANISMO?

Actualizado: 3 de ene de 2019

“La forma con que se trata la fiebre en los niños, a través de antitérmicos, tiene poco que ver con la salud y mucho con el miedo inculcado a los padres por la publicidad de la industria farmacéutica y con la educación excesivamente protectora que reciben los niños, a los que no se les educa en la frustración y en la capacidad de aguantar el mínimo sufrimiento sobre todo en lo que concierne al enfermedad”.



Como todo lo que ha conseguido la naturaleza en años de evolución no puede ser estéril o simplemente molesto sino todo lo contrario, la fiebre es uno de los grandes mecanismos que han conseguido mantenernos con vida los últimos cientos de miles de años. Por lo tanto no deberíamos temer a la fiebre (en todo caso podríamos temer a la causa de la fiebre, cuando se trata de un proceso grave), ni intentar eliminarla a toda costa con medicamentos antitérmicos que nos dan confort a corto plazo a costa de poner un freno al proceso de homeostasis (capacidad de auto-curación y auto-equilibrio).


¿Para qué existe la fiebre?

Imaginemos un país que está sufriendo una invasión por parte de un feroz enemigo; seguramente el gobierno decidiría imponer el estado de alarma para que el país entero colabore en restablecer la normalidad, no fiará toda la seguridad del país a la acción específica de un ejército sino que implicará, por muy incómodo y duro que resulte, al resto de la sociedad, suspendiendo la vida cotidiana, posponiendo proyectos no vitales y, en definitiva, aunando esfuerzos en una sola dirección, la autodefensa.


Lo que sería ilógico en esta situación de guerra, es que la movilización se limitara únicamente al sistema defensivo para que el resto del país siguiera actuando como si no pasara nada, ni una incomodidad, ni un sacrificio.


Cuando una persona tiene fiebre sucede exactamente lo mismo que en la invasión del país: su organismo ha decretado un estado de alarma, para la autodefensa. La fiebre es un proceso que nos genera mucho malestar y afecta nuestro desempeño en las actividades que realizamos diariamente. Por lo que buscamos inmediatamente fármacos para poder sobrellevarla y así rendir al máximo. Lo que no sabemos es que suprimir esa fiebre es como movilizar únicamente al ejército en caso de una invasión: es someter al organismo a la reducción de su capacidad de combatir la infección.


Consecuencias de la eliminación de la fiebre

Eliminar esta fiebre tiene varios efectos negativos:


“Atrofia” de nuestro sistema de defensa

Sobre todo en la infancia, impedimos que el organismo aprenda a emplear a fondo su sistema defensivo contra cualquier enemigo, lo que es crucial para afrontar futuros problemas de mayor gravedad.


Aumento de la resistencia del agente patológico

Aumenta la probabilidad de que una infección se convierta en un proceso más grave (que un catarro o una gripe evolucione a una neumonía).


Obstáculo para la resolución de problemas músculo esqueléticos

La fiebre, aunque resulte molesta, estimula otros procesos autocurativos y ayuda a resolver otras dolencias previas que estaban cronificadas.

Durante la fiebre se exacerban los dolores reflejos, sobre todo del hígado, sistema circulatorio y riñón que luego mejoran cuando el proceso febril termina.


Recomendaciones ante un cuadro febril

La forma con que se trata la fiebre en los niños, a través de antitérmicos, tiene poco que ver con la salud y mucho con el miedo inculcado a los padres por la publicidad de la industria farmacéutica y con la educación excesivamente protectora que reciben los niños, a los que no se les educa en la frustración y en la capacidad de aguantar el mínimo sufrimiento sobre todo en lo que concierne al enfermedad.


No puede haber mejor herramienta curativa que un buen reposo físico cuando hace falta, tomando únicamente líquidos y un organismo con toda su energía concentrada en recuperar la homeostasis perdida.


La fiebre, además de ayudar a luchar contra la infección supone una especie de reseteo de nuestro organismo, haciendo énfasis en los órganos con alteraciones funcionales que serán los que más dolor reflejo produzcan durante el proceso febril y los que más se beneficiarán después del mismo.


En cualquier caso, siempre se puede hacer que la fiebre sea más llevadera, moderándola ligeramente hasta donde el organismo considere que no disminuye su eficacia; poniendo, por ejemplo, calor en los pies (antiguamente se ponían medias empapados en vinagre para atraer el calor hacia los pies) y paños fríos en la cabeza y en la cara; así mismo, también se pueden usar remedios homeopáticos, fitoterapia y/o aromaterapia.


Métodos naturales para bajar la fiebre


Escuchar al cuerpo

Si el enfermo tiene frío, debe abrigarse; si tiene calor, debe desnudarse; si tiene hambre, debe comer; si no tiene hambre, debe ayunar; si tiene sed, debe beber…etc. No hay mejor consejero que el propio organismo.


Paños de agua fría

Colocando paños de agua fría en distintas partes del cuerpo (sobre todo en la frente y la cabeza), siempre que agrade al paciente, es una de las formas más eficaces de controlar la temperatura.


De hecho, aunque la medicina convencional ahora recomienda los baños de agua templada o fresquita, esta práctica conlleva el riesgo de producir un cambio brusco de temperatura en el cuerpo que puede ser muy peligroso.


Por eso, para evitar riesgos, la práctica de colocar paños de agua fría es la más segura y eficaz.

Se pueden añadir unas gotas de aceite esencial de tomillo, menta o eucaliptus al paño mojado.


Beber agua

Cuando bebemos agua estamos ayudando a nuestro cuerpo a disminuir la temperatura interior.

Una buena forma de ayudar al organismo a restablecerse en este tipo de trastornos es bebiendo abundante líquido.


Descansar

No hay mejor remedio para superar una crisis o dolencia que atender las necesidades del organismo, y es evidente que en los procesos febriles el cuerpo siempre pide descanso, silencio, reposo y tranquilidad.


Infusiones

Las infusiones de lavanda, albahaca, menta, orégano, tomillo, fenogreco, caléndula, jengibre, manzanilla y salvia entre otras, son estupendas a la hora de bajar la temperatura a través de la sudoración.

Una mezcla de cualquiera de estas infusiones con jugo natural de limón y una cucharadita de miel es uno de los más tradicionales remedios caseros.


Fuente: Basado y adaptado en una nota de Fisioterapia On Line